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CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por Anita el Sáb 10 Dic 2011, 21:26

El tonel de Amontillado (escrito en 1846) es la historia de una venganza, meditada y diferida, pero terrible y refinada. Y de otra pasión humana, tan antigua como aquella, la vanidad. No esperemos aquí fantasmas o espectros, ni tampoco extrañas presencias en el relato, solamente de lo que es capaz el ser humano cuando se deja llevar por sus deseos más oscuros.

El cuento, a pesar de no tener una trama tan elaborada y original como otros de Poe, tiene una belleza siniestra y posee un ritmo extraño y malsano que cautiva a primera vista. Ayuda el ambiente en que se desarrolla, los carnavales (de una ciudad italiana que no se nombra, aunque suponemos que es Venecia), con un grotesco jolgorio de máscaras y de disfraces, en que nada es lo que parece, y donde las caretas ocultan la verdadera personalidad del que las lleva, y en un trasunto de la trama, sus intenciones.

En medio de la alegria y de excesos alchólicos, pasan como sombras los protagonistas de la narración: Fortunato (cuyo nombre es una cruel broma de Poe) vestido de bufón y gorro de cascabeles, y Montresor, con una careta y capa negra. El primero es un aristócrata degenerado, arrogante y soberbio, pero muy rico, que hace gala de ser un experto connaisseur de vinos. El segundo pertenece a una familia de rancio abolengo, aunque deducimos que venida a menos. Fortunato se complace en denigrar a Montresor, que aguanta sus humillaciones, hasta que es insultado en público por su, al parecer, amigo. La venganza se gesta en su mente, pero con dos premisas:

no se repara el agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido”.

Spoiler:

El tonel de amontillado

Edgar Allan Poe

Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era ya un punto establecido definitivamente. Pero la misma decisión con que lo había resuelto excluía toda idea de peligro por mi parte. No solamente tenía que castigar, sino castigar impunemente. Una injuria queda sin reparar cuando su justo castigo perjudica al vengador. Igualmente queda sin reparación cuando ésta deja de dar a entender a quien le ha agraviado que es él quien se venga.

Es preciso entender bien que ni de palabra, ni de obra, di a Fortunato motivo para que sospechara de mi buena voluntad hacia él. Continué, como de costumbre, sonriendo en su presencia, y él no podía advertir que mi sonrisa, entonces, tenía como origen en mí la de arrebatarle la vida.

Aquel Fortunato tenía un punto débil, aunque, en otros aspectos, era un hombre digno de toda consideración, y aun de ser temido. Se enorgullecía siempre de ser un entendido en vinos. Pocos italianos tienen el verdadero talento de los catadores. En la mayoría, su entusiasmo se adapta con frecuencia a lo que el tiempo y la ocasión requieren, con objeto de dedicarse a engañar a los millionaires ingleses y austríacos. En pintura y piedras preciosas, Fortunato, como todos sus compatriotas, era un verdadero charlatán; pero en cuanto a vinos añejos, era sincero. Con respecto a esto, yo no difería extraordinariamente de él. También yo era muy experto en lo que se refiere a vinos italianos, y siempre que se me presentaba ocasión compraba gran cantidad de éstos.

Una tarde, casi al anochecer, en plena locura del Carnaval, encontré a mi amigo. Me acogió con excesiva cordialidad, porque había bebido mucho. El buen hombre estaba disfrazado de payaso. Llevaba un traje muy ceñido, un vestido con listas de colores, y coronaba su cabeza con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles. Me alegré tanto de verle, que creí no haber estrechado jamás su mano como en aquel momento.

-Querido Fortunato -le dije en tono jovial-, éste es un encuentro afortunado. Pero ¡qué buen aspecto tiene usted hoy! El caso es que he recibido un barril de algo que llaman amontillado, y tengo mis dudas.

-¿Cómo? -dijo él-. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y en pleno Carnaval!

-Por eso mismo le digo que tengo mis dudas -contesté-, e iba a cometer la tontería de pagarlo como si se tratara de un exquisito amontillado, sin consultarle. No había modo de encontrarle a usted, y temía perder la ocasión.

-¡Amontillado!

-Tengo mis dudas.

-¡Amontillado!

-Y he de pagarlo.

-¡Amontillado!

-Pero como supuse que estaba usted muy ocupado, iba ahora a buscar a Luchesi. Él es un buen entendido. Él me dirá...

-Luchesi es incapaz de distinguir el amontillado del jerez.

-Y, no obstante, hay imbéciles que creen que su paladar puede competir con el de usted.

-Vamos, vamos allá.

-¿Adónde?

-A sus bodegas.

-No mi querido amigo. No quiero abusar de su amabilidad. Preveo que tiene usted algún compromiso. Luchesi...

-No tengo ningún compromiso. Vamos.

-No, amigo mío. Aunque usted no tenga compromiso alguno, veo que tiene usted mucho frío. Las bodegas son terriblemente húmedas; están materialmente cubiertas de salitre.

-A pesar de todo, vamos. No importa el frío. ¡Amontillado! Le han engañado a usted, y Luchesi no sabe distinguir el jerez del amontillado.

Diciendo esto, Fortunato me cogió del brazo. Me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome bien al cuerpo mi roquelaire, me dejé conducir por él hasta mi palazzo. Los criados no estaban en la casa. Habían escapado para celebrar la festividad del Carnaval. Ya antes les había dicho que yo no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes concretas para que no estorbaran por la casa. Estas órdenes eran suficientes, de sobra lo sabía yo, para asegurarme la inmediata desaparición de ellos en cuanto volviera las espaldas.

Cogí dos antorchas de sus hacheros, entregué a Fortunato una de ellas y le guié, haciéndole encorvarse a través de distintos aposentos por el abovedado pasaje que conducía a la bodega. Bajé delante de él una larga y tortuosa escalera, recomendándole que adoptara precauciones al seguirme. Llegamos, por fin, a los últimos peldaños, y nos encontramos, uno frente a otro, sobre el suelo húmedo de las catacumbas de los Montresors.

El andar de mi amigo era vacilante, y los cascabeles de su gorro cónico resonaban a cada una de sus zancadas.

-¿Y el barril? -preguntó.

-Está más allá -le contesté-. Pero observe usted esos blancos festones que brillan en las paredes de la cueva.

Se volvió hacia mí y me miró con sus nubladas pupilas, que destilaban las lágrimas de la embriaguez.

-¿Salitre? -me preguntó, por fin.

-Salitre -le contesté-. ¿Hace mucho tiempo que tiene usted esa tos?

-¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem!...!

A mi pobre amigo le fue imposible contestar hasta pasados unos minutos.

-No es nada -dijo por último.

-Venga -le dije enérgicamente-. Volvámonos. Su salud es preciosa, amigo mío. Es usted rico, respetado, admirado, querido. Es usted feliz, como yo lo he sido en otro tiempo. No debe usted malograrse. Por lo que mí respecta, es distinto. Volvámonos. Podría usted enfermarse y no quiero cargar con esa responsabilidad. Además, cerca de aquí vive Luchesi...

-Basta -me dijo-. Esta tos carece de importancia. No me matará. No me moriré de tos.

-Verdad, verdad -le contesté-. Realmente, no era mi intención alarmarle sin motivo, pero debe tomar precauciones. Un trago de este medoc le defenderá de la humedad.

Y diciendo esto, rompí el cuello de una botella que se hallaba en una larga fila de otras análogas, tumbadas en el húmedo suelo.

-Beba -le dije, ofreciéndole el vino.

Llevóse la botella a los labios, mirándome de soslayo. Hizo una pausa y me saludó con familiaridad. Los cascabeles sonaron.

-Bebo -dijo- a la salud de los enterrados que descansan en torno nuestro.

-Y yo, por la larga vida de usted.

De nuevo me cogió de mi brazo y continuamos nuestro camino.

-Esas cuevas -me dijo- son muy vastas.

-Los Montresors -le contesté- era una grande y numerosa familia.

-He olvidado cuáles eran sus armas.

-Un gran pie de oro en campo de azur. El pie aplasta a una serpiente rampante, cuyos dientes se clavan en el talón.

-¡Muy bien! -dijo.

Brillaba el vino en sus ojos y retiñían los cascabeles. También se caldeó mi fantasía a causa del medoc. Por entre las murallas formadas por montones de esqueletos, mezclados con barriles y toneles, llegamos a los más profundos recintos de las catacumbas. Me detuve de nuevo, esta vez me atreví a coger a Fortunato de un brazo, más arriba del codo.

-El salitre -le dije-. Vea usted cómo va aumentando. Como si fuera musgo, cuelga de las bóvedas. Ahora estamos bajo el lecho del río. Las gotas de humedad se filtran por entre los huesos. Venga usted. Volvamos antes de que sea muy tarde. Esa tos...

-No es nada -dijo-. Continuemos. Pero primero echemos otro traguito de medoc.

Rompí un frasco de vino de De Grave y se lo ofrecí. Lo vació de un trago. Sus ojos llamearon con ardiente fuego. Se echó a reír y tiró la botella al aire con un ademán que no pude comprender. Le miré sorprendido. El repitió el movimiento, un movimiento grotesco.

-¿No comprende usted? -preguntó.

-No -le contesté.

-Entonces, ¿no es usted de la hermandad?

-¿Cómo?

-¿No pertenece usted a la masonería?

-Sí, sí -dije-; sí, sí.

-¿Usted? ¡Imposible! ¿Un masón?

-Un masón -repliqué.

-A ver, un signo -dijo.

-Éste -le contesté, sacando de debajo de mi roquelaire una paleta de albañil.

-Usted bromea -dijo, retrocediéndo unos pasos-. Pero, en fin, vamos por el amontillado.

-Bien -dije, guardando la herramienta bajo la capa y ofreciéndole de nuevo mi brazo.

Apoyóse pesadamente en él y seguimos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos por debajo de una serie de bajísimas bóvedas, bajamos, avanzamos luego, descendimos después y llegamos a una profunda cripta, donde la impureza del aire hacía enrojecer más que brillar nuestras antorchas. En lo más apartado de la cripta descubríase otra menos espaciosa. En sus paredes habían sido alineados restos humanos de los que se amontonaban en la cueva de encima de nosotros, tal como en las grandes catacumbas de París.

Tres lados de aquella cripta interior estaban también adornados del mismo modo. Del cuarto habían sido retirados los huesos y yacían esparcidos por el suelo, formando en un rincón un montón de cierta altura. Dentro de la pared, que había quedado así descubierta por el desprendimiento de los huesos, veíase todavía otro recinto interior, de unos cuatro pies de profundidad y tres de anchura, y con una altura de seis o siete. No parecía haber sido construido para un uso determinado, sino que formaba sencillamente un hueco entre dos de los enormes pilares que servían de apoyo a la bóveda de las catacumbas, y se apoyaba en una de las paredes de granito macizo que las circundaban.

En vano, Fortunato, levantando su antorcha casi consumida, trataba de penetrar la profundidad de aquel recinto. La débil luz nos impedía distinguir el fondo.

-Adelántese -le dije-. Ahí está el amontillado. Si aquí estuviera Luchesi...

-Es un ignorante -interrumpió mi amigo, avanzando con inseguro paso y seguido inmediatamente por mí.

En un momento llegó al fondo del nicho, y, al hallar interrumpido su paso por la roca, se detuvo atónito y perplejo. Un momento después había yo conseguido encadenarlo al granito. Había en su superficie dos argollas de hierro, separadas horizontalmente una de otra por unos dos pies. Rodear su cintura con los eslabones, para sujetarlo, fue cuestión de pocos segundos. Estaba demasiado aturdido para ofrecerme resistencia. Saqué la llave y retrocedí, saliendo del recinto.

-Pase usted la mano por la pared -le dije-, y no podrá menos que sentir el salitre. Está, en efecto, muy húmeda. Permítame que le ruegue que regrese. ¿No? Entonces, no me queda más remedio que abandonarlo; pero debo antes prestarle algunos cuidados que están en mi mano.

-¡El amontillado! -exclamó mi amigo, que no había salido aún de su asombro.

-Cierto -repliqué-, el amontillado.

Y diciendo estas palabras, me atareé en aquel montón de huesos a que antes he aludido. Apartándolos a un lado no tardé en dejar al descubierto cierta cantidad de piedra de construcción y mortero. Con estos materiales y la ayuda de mi paleta, empecé activamente a tapar la entrada del nicho. Apenas había colocado al primer trozo de mi obra de albañilería, cuando me di cuenta de que la embriaguez de Fortunato se había disipado en gran parte. El primer indicio que tuve de ello fue un gemido apagado que salió de la profundidad del recinto. No era ya el grito de un hombre embriagado. Se produjo luego un largo y obstinado silencio. Encima de la primera hilada coloqué la segunda, la tercera y la cuarta. Y oí entonces las furiosas sacudidas de la cadena. El ruido se prolongó unos minutos, durante los cuales, para deleitarme con él, interrumpí mi tarea y me senté en cuclillas sobre los huesos. Cuando se apaciguó, por fin, aquel rechinamiento, cogí de nuevo la paleta y acabé sin interrupción las quinta, sexta y séptima hiladas. La pared se hallaba entonces a la altura de mi pecho. De nuevo me detuve, y, levantando la antorcha por encima de la obra que había ejecutado, dirigí la luz sobre la figura que se hallaba en el interior.

Una serie de fuertes y agudos gritos salió de repente de la garganta del hombre encadenado, como si quisiera rechazarme con violencia hacia atrás.

Durante un momento vacilé y me estremecí. Saqué mi espada y empecé a tirar estocadas por el interior del nicho. Pero un momento de reflexión bastó para tranquilizarme. Puse la mano sobre la maciza pared de piedra y respiré satisfecho. Volví a acercarme a la pared, y contesté entonces a los gritos de quien clamaba. Los repetí, los acompañé y los vencí en extensión y fuerza. Así lo hice, y el que gritaba acabó por callarse.

Ya era medianoche, y llegaba a su término mi trabajo. Había dado fin a las octava, novena y décima hiladas. Había terminado casi la totalidad de la oncena, y quedaba tan sólo una piedra que colocar y revocar. Tenía que luchar con su peso. Sólo parcialmente se colocaba en la posición necesaria. Pero entonces salió del nicho una risa ahogada, que me puso los pelos de punta. Se emitía con una voz tan triste, que con dificultad la identifiqué con la del noble Fortunato. La voz decía:

-¡Ja, ja, ja! ¡Je, je, je! ¡Buena broma, amigo, buena broma! ¡Lo que nos reiremos luego en el palazzo, ¡je, je, je!, a propósito de nuestro vino! ¡Je, je, je!

-El amontillado -dije.

-¡Je, je, je! Sí, el amontillado. Pero, ¿no se nos hace tarde? ¿No estarán esperándonos en el palazzo Lady Fortunato y los demás? Vámonos.

-Sí -dije-; vámonos ya.

-¡Por el amor de Dios, Montresor!

-Sí -dije-; por el amor de Dios.

En vano me esforcé en obtener respuesta a aquellas palabras. Me impacienté y llamé en alta voz:

-¡Fortunato!

No hubo respuesta, y volví a llamar.

-¡Fortunato!

Tampoco me contestaron. Introduje una antorcha por el orificio que quedaba y la dejé caer en el interior. Me contestó sólo un cascabeleo. Sentía una presión en el corazón, sin duda causada por la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Con muchos esfuerzos coloqué en su sitio la última piedra y la cubrí con argamasa. Volví a levantar la antigua muralla de huesos contra la nueva pared. Durante medio siglo, nadie los ha tocado. In pace requiescat!
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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por yaski el Sáb 10 Dic 2011, 22:48

A mi las peliculas de terror me fascinan, ya que ellas me aportan un poco de la emocion y adrenalina que, lamentablemente, se me ha sido vedada por la porca vita que llevo icon-cry
Las novelas, en cambio, no son muy de mi agrado. No he leido mucho de este genero. Creo que las ultimas novelas de terror que lei fueron "El hombre de la arena" de E.T.A. Hoffmann y un cuento corto de Stephen Kings del cual ni me acuerdo como se llamaba.
Las peliculas que mas me gustaron fueron (el orden no obedece a grados de favoritismos);
.It (eso, el payaso)
El exorcista
. El bebé de Rosemary
. Pesadilla en Elm Street
.El sexto sentido
.Poltergeist
.The Evil Dead
.El círculo
.The Eye
. Aullidos (la primera).
. Saw
. En compañía de lobos ( no es tanto de terror como si lo es de fantasía con toques surrealistas)
.Dog Soldiers
. Los otros
. La cosa
. Halloween
.Rec
. Amanecer de los muertos
. La masacre de Texas
Señales
. Las colinas tienen ojos
. Un hombre lobo americano en Londres
. Carretera al infierno
. Sleepy Hollow
. Carrie
. La profecía
. Hellraiser
. Destino final
. El orfanato
. El proyecto de la bruja de Blair
. La residencia
Ginger Snaps (la primera mejor que la segunda y esta ultima mejor que la tercera)
.Jeepers Creepers

La única que me falta por ver y de la cual figura en mi lista de "películas a las que no podes dejar de ver boludo" es El resplandor.Al parecer, la película cuenta con muy buenas reseñas.
También me gustan las películas y series de C. ficción como Viaje a las estrellas o Babilonia 5 ( aunque creo que ya me estoy yendo por las ramas gotamini )
PD; si les gustan los relatos de terror ( y temas paranormales o de curiosidades) les aconsejo que visiten el blog tejiendo el mundo ( googleen)
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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por V-de-Virginia el Dom 11 Dic 2011, 15:52

Ya vi el blog, está genial ideaa Gracias yaski guiño

Muy buenas las películas, hace poco vi la de Ginger Snaps y me gustó por tener un concepto de licántropo que no había visto antes. Obvio que la 1ª es la mejor. La 2ª daba para más, y la 3ª aún no la vi. Tengo pendientes otras que mencionaste

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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por yaski el Mar 13 Dic 2011, 00:24

V-de-Virginia escribió:Ya vi el blog, está genial ideaa Gracias yaski guiño

Muy buenas las películas, hace poco vi la de Ginger Snaps y me gustó por tener un concepto de licántropo que no había visto antes. Obvio que la 1ª es la mejor. La 2ª daba para más, y la 3ª aún no la vi. Tengo pendientes otras que mencionaste

Así es, utiliza la metáfora de la licantropía como figura retórica para abordar el inicio de la pubertad con el consiguiente despertad de las pulsiones sexuales . No es solo una película de hombres lobos, sino de la relación de dos, socialmente hablando, inadaptadas hermanas que se necesitan la una a la otra (especialmente la menor que es la mas débil) para defenderse de un entorno hostil y alienante ( en parte hasta me parece apropiada para tratarla en este foro)
Espero que la lista se llene con nuevos filmes
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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por Invitado el Mar 13 Dic 2011, 01:16

Recomiendo la película Repulsión. La protagonista también tiene ciertos problemas con las relaciones sociales, especialmente con el sexo opuesto.

No soy muy asiduo al género de terror porque es difícil que una película me haga pasar miedo (por desgracia, porque adoro cuando ocurre) y muchas incluyen demasiada casquería, que no me atrae nada.

En relatos me gustan algunos de Poe; leí de pequeño La máscara de la muerte roja y no me lo pude quitar de la cabeza. Lovecraft tengo que leerlo más, pero en el primer acercamiento me resultó insípido; los mundos y montruos que aparecen son demasiado fantasiosos y lejanos como para producirme alguna emoción, pese a que escribe de maravilla.

Tomo nota de las recomendaciones.
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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por Anita el Mar 13 Dic 2011, 03:09

Gueden escribió:Recomiendo la película Repulsión. La protagonista también tiene ciertos problemas con las relaciones sociales, especialmente con el sexo opuesto.
La sinopsis que aparece en filmaffinity promete, y las críticas de los usuarios parecen confirmar que es digna de verse. Trataré de verla en estos días.

"Carol Ledoux es una bella y reprimida joven belga que vive con su hermana Helen en un apartamento de Londres. Carol experimenta sentimientos simultáneos y contradictorios de atracción y repulsión hacia los hombres; por eso para ella resulta tan incómoda la relación que mantiene su hermana con un hombre casado. Cuando la pareja se marcha de vacaciones, Carol comienza a tener alucinaciones y su mente se desquicia. (FILMAFFINITY)"
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mrgreen Re: CUENTOS DE TERROR Y OTRAS COSAS

Mensaje por V-de-Virginia el Mar 13 Dic 2011, 07:19

Anita: ya sé que no me obligás a leer... LAUGH sólo decía que he intentado leer a Poe, pero que "no me llega" Igual gracias por tu aporte guiño

Yaski: ya vi el blog, muy interesante ideaa

Gueden: ¿Repulsión es algo así como "terror psicológico"?
Porque no sólo me gusta el terror sobrenatural, también slashers (aunque más que asustarme, me divierten LAUGH) e incluso -aún más- el terror psicológico
PD: tomo notas de todo, hay muy buenos aportes guiño

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